La llama del Rosario

El Santo Sepulcro en Jerusalén
El 12 de junio del 2009

Las tarjetas para la Promoción General del Rosario han sido distribuidas por decenas de miles. Representan, en el frente, una fotografía tomada por fray Louis-Marie Ariño-Durand, OP, y pueden ser utilizadas como una predicación sencilla y evocadora. Todas tienen el mismo respaldo, en las grandes como en las pequeñas: en ellas encontramos, en las tres lenguas oficiales de la Orden dominicana, el eslogan del sitio «Reza, predica, vive… ¡el Rosario!»


Esta foto ha sido sacada en la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén. Se trata exactamente del muro exterior de la Tumba de Cristo. Los fieles vienen a depositar cirios.

Esta foto nos muestra que se puede rezar el Rosario en todas partes: en los lugares de muerte y en los lugares de vida. La tumba de Cristo es un lugar de muerte muy singular: fue allí, en una tumba nueva, que fue sepultado el cuerpo del Crucificado. ¡Paradójicamente, es el lugar de la vida por excelencia, puesto que fue allí también que Cristo resucitó!


Estos cirios pueden también trasmitirnos un mensaje. Signos de la piedad de los fieles, dicen también lo que puede ser nuestra nuestra oración.

En primer lugar, observamos que hay muchísimos cirios. El Rosario es una oración que se adapta perfectamente a todas las situaciones: se puede recitar solo o en grupo. Los cirios que están cerca los unos de los otros pueden incluso poner su llama en común. Y eso provoca una llama más intensa.

Al mismo tiempo, estos cirios son finos y, por consiguiente, frágiles. Nuestra oración es a menudo igual. En esta fotografía, ciertos cirios son muy rectos, otros torcidos… a la imagen de nuestra vida. ¡No esperemos a tener una vida perfecta, muy derecha, para rezar… si no corremos el riesgo de jamás tomar o retomar nuestro rosario!

Por fin, ciertos cirios están apagados. Estos simbolizan la presencia de aquellos que no tienen palabras. Las fórmulas que repetimos cuando recitamos el rosario nos han sido dadas. Cuando las utilizamos, damos una voz, unas palabras a aquellos que no tienen voz, que no tienen palabras. Algunos no tienen la fuerza de decir «Padre» a Dios o bien  «perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos»… Cuando recitamos el Padre Nuestro, lo decimos en comunión con aquellos que no pueden decirlo, que no saben decirlo.


¿Son frágiles esos cirios? Sin duda.
El Niño de Belén, luz frágil en la noche de Judea, era también muy frágil. Herodes quiso apagarla… ¡Y se quemó los dedos!
Y además, no olvidemos jamás que una pequeña llama, sea cual sea su fragilidad, ¡puede abrasar una montaña entera!

¡Lo mismo ocurre con nuestra oración, tan frágil aparentemente, pero que puede meter fuego al mundo!

¿El Rosario? ¡Una llama entre nuestras manos!


Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, OP
Promotor General del Rosario

Sitio Rosarium.op.org
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