El mundo del Rosario con la Orden de Predicadores
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El Rosario de María, la Virgen Madre

Fr. Manuel BATALLA GIMENO, o.p.

Viernes 4 de abril de 2008


No puede ser plena y documentalmente probado, pero la tradición nos ha transmitido que santo Domingo de Guzmán fundó el Rosario. Lo que sí puede ser probado es que santo Domingo tuvo una especial devoción a la bienaventurada Virgen María, y de ello permitan que les transcriba dos testimonios del siglo XIII:

Escribió fray Humberto de Romans, quinto Maestro de la Orden de Predicadores: “Precisamente el bienaventurado Domingo en sus oraciones encomendaba su Orden a la misma Virgen, teniéndola por especial patrona, como se cuenta en la Nueva leyenda, y éste es el motivo de por qué acudimos cada día a ella como a madre en la procesión al canto de la Salve…”

La beata Cecilia, monja dominica en Bolonia, también en el siglo XIII, tras narrar una visión de santo Domingo, dice: “Cuando [el bienaventurado Domingo] volvió en sí, al instante se apresuró a tocar la campana para los maitines. Terminado el oficio de maitines convocó a los frailes en el capítulo y les predicó un magnífico y hermosísimo sermón, exhortándolos al amor y reverencia a la bienaventurada Virgen María. Y entre las cosas que les dijo les contó la visión.”

Les cuento esto, porque considero que lo realmente importante no es el “rosario”, sino el amor y la reverencia a María. Lo cual no quiere decir que hayamos de desestimar la práctica del Rosario, puesto que es un modo de oración que, además, se puede practicar de muchas maneras, conservando como referencia la que la Iglesia propone.

Podemos rezar el rosario en comunidad o en familia, pausadamente, recordando en cada decena de avemarías un texto bíblico que centre nuestra atención en el misterio que contemplamos y haciendo momentos de silencio, o también a solas, recordando con María ante el Señor, algún otro pasaje del Evangelio, y a las personas que amamos, a las que añoramos, a las que deseamos pedir perdón o queremos perdonar de corazón, a las que descubrimos que necesitan nuestra solidaridad y nuestra ayuda…

Podemos rezar en distintos momentos del día, un misterio ahora, otro misterio después, mientras estamos haciendo también otras cosas… Podemos rezar acompañándonos de grabaciones…

Podemos rezar mini-rosarios con los niños y niñas, tal vez un misterio cada día con no más de cinco avemarías... o con tantas cuantos niños y niñas haya reunidos, de manera que cada uno proclame una vez el saludo a María…

Y podemos, también, recuperar la costumbre de tener en la casa algún motivo mariano o alguna imagen de María -detalle normalmente no previsto en las revistas de decoración- que pueda recordarnos, entre tantas imágenes y pensamientos que con frecuencia nos agobian y nos aturden, que Dios, por puro amor, eligió a una sencilla mujer para madre de su Hijo, la Palabra que se hizo Hombre y habitó entre nosotros, dándonos el máximo testimonio del Amor.


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