Lunes 26 de marzo de 2012
Los ángeles desempeñan un papel importante en nuestra comunicación con Dios. En ocasiones Dios emplea ángeles –o mensajeros– para darnos a conocer algo o para prestarnos la ayuda que necesitamos. Y esos mensajeros son generalmente personas que conviven junto a nosotros y que, sin saberlo, actúan en un momento determinado como instrumentos de Dios.
Un ejemplo claro de ángeles son los hijos con síndrome de Dawn. Cuando una familia recibe la noticia de que el hijo recién nacido tiene síndrome de Dawn, se llevan un disgusto, pues les da pena por el hijo y temen las muchas molestias que les va acarrear criarle. Pero cuando los niños con síndrome de Dawn están bien educados, son un verdadero regalo. Hay muchas familias en las que el hijo con esta afección les une a todos, porque son personas que son todo corazón, no dejan de ser nunca niños cariñosos y afables. Es una delicia estar con una persona con síndrome de Dawn. Al descubrir esta realidad, la familia se da cuenta de que Dios no les ha enviado un problema, sino todo lo contrario: un ángel, una bendición para todos.
Son muchos los ángeles que Dios pone en nuestra vida. A todos nos ha pasado que, en un momento dado, necesitábamos un gesto de apoyo, un consejo u otra cosa y, de improviso, a veces sin haberlo nosotros pedido, aparece un hermano de comunidad, un familiar o un amigo que nos da exactamente lo que necesitábamos. Esa persona ha podido ser enviada misteriosamente por Dios: ¿por qué no?
Dios nos envía mensajeros en nuestra vida cotidiana para ayudarnos o para comunicarnos algo importante. Pero en esa comunicación nosotros también debemos poner algo de nuestra parte. Como María, debemos estar atentos y saber decir que sí a eso que Dios nos trasmite.