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Pascua es misericordia

Domingo 8 de abril de 2012

Crónica de Fr. Antoine-Marie BERTHAUD, dominico, publicada en el Folleto mensual de oración de los Equipos del Rosario Nº 364 Abril 2012

“Quiero invitaros un instante sobre la misericordia infinita de Dios… La historia de la salvación, que culmina en la encarnación y encuentra su pleno cumplimiento en el misterio pascual es una revelación deslumbrante de la misericordia de Dios… que no consiste sólo en el perdón de nuestros pecados. Consiste también en el hecho de que Dios nuestro Padre nos devuelve, a veces no sin dolor ni aflicción ni temor por nuestra parte, al camino de la verdad y de la luz, pues no quiere que nos perdamos…” (Benedicto XVI)


Misterio pascual, misterio de salvación, misterio de misericordia.

Según una etimología simplista pero no menos profunda, la “misericordia” es el corazón de Dios inclinado sobre la miseria del hombre. ¡Qué bello misterio para meditar en este tiempo pascual! Es Jesús ante nosotros como ante la mujer adúltera: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”. Subrayemos tres aspectos de esta misericordia divina.

• En primer lugar la misericordia es una obra de verdad. Jesús desvela no sólo el pecado de la mujer adúltera sino que interroga y desvela la conciencia de sus acusadores. ¡Qué fácil es ver los pecados de los demás! ¿Y qué hacemos para preservar nuestra “buena conciencia”? Jesús nos dijo: dejad libre a esta mujer o sufrid con ella el castigo de la Ley. ¿Pues quién está sin pecado ante Dios? La misericordia hace aflorar la verdad, la luz sobre la realidad tal como es y no tal como nos parece o nos conviene.

• En segundo lugar la misericordia es obra de la sabiduría. Démonos cuenta que interpelando apaciblemente a sus ariscos interlocutores, Jesús tampoco les condena. La justicia divina (como se podía apreciar en el Antiguo Testamento) podría volverse contra el hombre sin misericordia, el pretencioso, el orgulloso. Pero Jesús les daba a todos la posibilidad de retirarse, les invitaba tras un simple examen de conciencia a una retirada humilde e inteligente: una retirada sabia. Por eso mismo son los ancianos los que primero se retiran.

• Finalmente la misericordia es obra de la justicia. Desde el punto de vista humano, el perdón que condona la deuda parece oponerse a la justicia que por definición reclama lo debido. ¿Pero quién puede perdonar la ofensa hecha a Dios? Pues no olvidemos, si el pecado se nos muestra como una desobediencia a la ley, es en primer lugar una ofensa a Dios. Por eso, en su infinita misericordia, el Señor va a redoblar su amor por nosotros, pecadores.

Ahí está el corazón de la Buena Noticia de la salvación: tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo único, para que el mundo se salve, rescatado de sus pecados. La misericordia de Dios no es otra cosa que el amor de Dios que hace justicia restableciendo al hombre que ha perdido la dignidad humana.

¿Qué nos pide pues Jesús? ¿Qué nos preparemos a la condena como pensaba la mujer pecadora? No. Más bien ver la verdad, entrar en la sabiduría y acoger el don de Dios, la misericordia que absuelve y libera: “¡Anda y no peques más!” Estaba muerto y he vuelto a la vida. La Pascua es sobre todo la obra de la misericordia de Dios en nosotros. Que la Virgen Inmaculada nos conceda siempre vivir más allá de nuestras faltas, como ella ha conocido por encima del pecado.




El autor de esta crónica (en francés)

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