Las Bodas de Caná y la humildad de María

Podemos ver cómo al comienzo de este pasaje del Evangelio la protagonista es la Virgen María. En ese momento, Jesús parece un personaje secundario. San Juan nos dice: “La madre de Jesús estaba allí. Jesús también había sido invitado...” (Jn 2,2). Parece que Jesús ha sido invitado por ser el hijo de María.

Pero sobre todo vemos el papel importante de María cuando ella se da cuenta de que falta vino, habla de ello con su Hijo y pide a los servidores que hagan lo que Él les diga. Ahí, María se comporta como toda una madre. Una mujer despierta, espabilada, que sabe rápidamente qué pasa, y que sabe reaccionar y hablar con su Hijo para resolver el problema. Como nuestras madres.

Pero una vez que ella ha actuado, cede a su Hijo el papel principal. Ella dice: “Haced todo lo que Él os diga” (Jn 2,5). Después de esta frase, María desaparece totalmente del pasaje. Y Jesús pasa a ser el protagonista. Es Él quien transforma el agua en vino. Es Él quien salva la fiesta.

El objetivo de María en este pasaje es, simplemente, hacer el bien. María no busca su bien. No busca la fama de haber salvado la fiesta. Toda la gloria es para su Hijo. Ella queda en un segundo plano. Anónima. Oculta. María es siempre la humilde servidora.

Sabemos que hay personajes públicos que dan mucho dinero para obras de caridad. Y lo sabemos porque lo dicen en los medios de comunicación. Yo no dudo de su buena intención. Pero, ¡qué gran diferencia con la discreción de María!

Ella nos da un buen ejemplo de cómo actuar en la vida. A nosotros también nos gusta ayudar a otras personas, pero también nos gusta quedar como los protagonistas para ser recompensados con la fama. Nuestra caridad, a veces, no es gratuita, al contrario, es interesada: a veces, buscamos hacer el bien animados por nuestra vanidad.

Como María, cuando hagamos el bien, sepamos quedar en un segundo plano, con discreción, sin buscar la fama. Busquemos, al contrario, la humildad de la Madre de Dios.

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