El Bautismo del Señor: una liberación

Entre los padres y las madres encontramos varias diferencias. Por una parte, al comienzo de la vida, podemos ver cómo el niño está muy unido a su madre. Pero después, poco a poco, la influencia del padre es cada vez más fuerte.

Por otra parte, la madre suele ser la que más atrae a su hijo hacia la casa. Cuando pensamos en nuestro hogar, pensamos sobre todo en nuestra madre. También en nuestro padre, claro está, pero sobre todo en nuestra madre. En muchas familias, la madre es la reina de la casa. Sin embargo, el padre suele ser el que invita a su hijo a salir de la casa para conocer el mundo. Si con la madre el hijo siente el calor del hogar, con el padre siente la libertad y el ánimo para salir al mundo.

Bueno, todo ello lo encontramos, en cierto modo, en el Bautismo de Jesús. Antes del Bautismo, su vida está dentro de su hogar, al lado de su madre. El Evangelio de san Marcos nos dice que Jesús sale de Nazaret, donde vive junto a su madre, para ser bautizado por san Juan Bautista (cf. Mc 1,9). Después de su Bautismo, Jesús escucha la voz de su Padre que le dice: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11).

El Bautismo cambia totalmente la existencia de Jesús. Si antes del Bautismo la vida de Jesús gira en torno a su madre, después del Bautismo girará alrededor de su Padre. En su vida pública, claro está que Jesús no dejará de amar a su madre, pero su gran pasión será su Padre. Hablará de Él, de su Reino. Será su Padre el que le dé sentido a su vida y a su muerte y resurrección. Y es su Padre quien le pide que salga al mundo para predicar la Buena Noticia. El Bautismo es una especie de liberación para Jesús. Por fin puede desarrollar la misión para la que ha sido enviado al mundo. La vida pública de Jesús comienza en ese momento.

Para todos nosotros el Bautismo es también una liberación. Gracias a él, recibimos al Espíritu Santo, quien nos libera del pecado y nos abre las puertas del Reino de Dios.

Y también el Bautismo es el gran sacramento comunitario. Así como Jesús, después del Bautismo, forma una segunda familia con sus discípulos, gracias al Bautismo, nosotros pertenecemos a la gran familia de los discípulos de Jesús: a la Iglesia. Y con ella, animados por Dios, salimos al mundo para dar testimonio del Evangelio. Como a Jesús, el Bautismo nos cambia totalmente la vida.

En resumen, el Bautismo es el gran sacramento liberador que nos abre las puertas del Reino de Dios. El Bautismo nos da una gran familia, la Iglesia, con la que compartimos el destino de Jesús: la resurrección.

The Baptism of Christ
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