Encuentro con... el P. José Antonio Gómez Uría

Entrevista con el Padre José Antonio Gómez Uría, parroco de la Iglesia del Rosario de San Salvador por Fr. Bernardino Rodríguez González, O.P., de la Provincia dominicana de San Vicente Ferrer en Centroamérica

La semana del 21 al 27 de enero, con ocasión de ser invitado a dirigir el Retiro a los cuatro novicios -Clemente, Julio, Esteban y Daniel- en San Salvador, tuve la oportunidad de hablar con el Párroco de la Iglesia del Rosario- el P. Fray José Antonio Gómez Uría- sobre la encuesta que publicó el Boletín Idec. Transmito con brevedad nuestra conversación

(Tengo que reconocer que muchas cosas que me fue relatando el Padre Antonio sobre la práctica del Rosario en esa Iglesia ya las conocía desde mi experiencia pasada como Párroco de ese Santuario mariano, donde se coronó como Patrona de la Arquidiócesis a la venerada imagen de nuestra Señora del Rosario. Pero pude valorar algunas novedades
que transmito en este documento)

P. Bernardino:
Padre Antonio, ¿cómo ves la práctica del Rosario en esta Iglesia denominada con ese nombre tan popular del Rosario?

P. Antonio:
Bueno, al hacerme cargo de esta Iglesia y Parroquia, constaté la pérdida de esa costumbre tradicional de rezar el Rosario todos los días. Yo he tratado de restaurar su rezo diario, después de la misa vespertina; incluso los días jueves, dentro de la hora santa eucarística.

P. Bernardino:
Te felicito, Padre Antonio, por este esfuerzo que has realizado por restaurar una devoción mariana tan de nuestra Orden de Predicadores. Me recuerdas una experiencia similar que me tocó realizar a mí por aquellos años de la guerra. Logramos también restaurar el Rosario diario, que dirigían los diversos grupos parroquiales- Comunidad juvenil, la Fraternidad Laical Dominicana, las incipientes comunidades de base, las Señoras de los Mercados y los Novicios-.

P. Antonio:
No hemos logrado que este ejercicio de piedad mariana sea participado por mucha gente, pero seguimos manteniendo esta Tradición de la Orden. Además, como tú preguntabas en el número anterior de Idec, queremos darle el sentido evangelizador que siempre debe tener, al estilo de nuestro Padre Santo Domingo. De hecho, a raíz de la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II sobre el Rosario de la Virgen María, que introducía los nuevos misterios luminosos, logramos repartir entre la gente unos ochocientos ejemplares de la misma.
Sobre este particular, siento algo de orgullo, al constatar que veinte años antes que el Papa publicara este Documento, ya había propuesto en mi libro “Caminando con el Rosario de María al Ritmo del Año Litúrgico” la necesidad de aumentar una cuarta parte del Rosario sobre la vida y el mensaje de Cristo.


Tanto el padre Antonio, como un servidor, terminamos reconociendo que esta Iglesia céntrica de la ciudad de San Salvador ha perdido la afluencia numerosa de fieles, que tenía con la antigua Iglesia. Fueron muchas las circunstancias adversas que propiciaron este descenso. Pudiéramos enumerar entre otras: el terremoto, que mantuvo cerrada la Iglesia casi durante dos años, la ferocidad de la guerra y su ocupación frecuente, la misma construcción de la gigantesca nueva Iglesia, la transformación en zona comercial y el retiro de muchas familias hacia las colonias periféricas etc.

Sin embargo estamos convencidos ambos y otros muchos frailes que debemos conservar esta tradición, tanto en el cultivo sano de la religiosidad popular, como en el impulso evangelizador que siempre tuvo el Santo Rosario.

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