Nuestros pasos sobre los del P. Eyquem

Artículo publicado en el Folleto mensual de oración de los Equipos del Rosario Nº417 - Febrero 2017


“En 1953 el P. Nicolás me llamó a su despacho. La conversación que mantuve con él cambió mi vida. Me pidió hacerme cargo de la dirección de los Equipos del Rosario inmediatamente. No había nadie (…) sentí en mí una cierta confusión y revoltijo, una determinación que siempre he tenido. Dije “si” (…) Saliendo del despacho del Provincial tuve el sentimiento de llevar mis pasos sobre los pasos de alguien”.

“Ideé los Equipos del Rosario como una rama del árbol del Rosario. Esta rama morirá si se separa definitivamente del árbol. He visto en los Equipos del Rosario una participación real en la misión misma de la Orden de Santo Domingo. Los Equipos del Rosario se estrellarán si esta participación se hace ilusoria”.

“Será la gloria de la Orden de Santo Domingo haber promovido esta extensión del laicado en los límites claros, precisos, tradicionales, del ministerio de la Palabra”.

“Los Equipos del Rosario ayudan a los laicos y, en particular, a los responsables a tomar conciencia del nivel de catecumenado de un gran número de cristianos. Muchos dicen: “creo pero no practico”. Otros practican su religión pero descubrimos con dolorosa sorpresa los pocos conocimientos sobre los que se apoya su fe. Constatarlo, entenderlo y sufrir por ello es dar a los responsables el deseo y los medios para profundizar su fe y ayudar a los otros a hacerlo igualmente (…)”.

“Tomé la resolución de aplicar al Rosario el gran principio evangélico siempre capaz, estoy convencido de ello y lo sé por experiencia, para salir de todos los impases: ir hacia el pobre, hacia el más pobre, hacia aquel que está en la extrema necesidad, y concebirlo todo, organizarlo todo, crear todo en función de él. En la perspectiva que es la del Rosario, el más pobre es quien teniendo todavía un resto de fe, ya no tiene suficiente vitalidad para practicar su fe, para rezar, para fijar su vista sobre el Evangelio, contenido totalmente en primer lugar en la persona de Jesucristo”.

“El Rosario suscita pues una profundización de la fe a ejemplo de María y de los intercambios entre creyentes. Por deducción, se orienta a un verdadero servicio de la Palabra para tomar a un nivel evidentemente más modesto, la expresión de los apóstoles. Es el servicio de la Palabra el que da a los Equipos del Rosario ser algo más que un movimiento de oración. Su oración tendrá un estilo especial. No dejará de ser ferviente, ciertamente, pero también educador, evangélico, portador de una enseñanza de la fe”

“(…) El Rosario nos invita a hacer nuestra la mirada de María sobre Cristo. Si lo hacemos, es guiados por la convicción de que en el lazo estrecho e indisoluble que une la madre al hijo se encuentra el secreto del conocimiento superior de Cristo (…). Entrar en su intimidad para aprender de ella lo que ella sabe de Cristo. Experimentar que ella tiene misión, como la Iglesia, de formar en nosotros a Cristo (…)”.

“Si somos en todas partes las moradas vivas de Dios, entonces la casa que habitamos a lo largo de la vida (…) llega a ser también, una casa de Dios. Allí Dios da su gracia. Es allí donde él habla a los corazones. Allí, donde con una vida verdaderamente evangélica se manifiestan los verdaderos siervos de Dios. Allí debemos caminar en presencia de Dios. Allí los enfermos elevan sus ojos hacia él, le piden su ayuda, ofrecen sus sufrimientos en unión con Cristo en la cruz para dar gloria al Padre y salvar las almas (…) es una forma de afirmar que Dios está en todas partes y que su ley debe penetrar toda nuestra vida”.

Es totalmente necesario ayudar a los hombres a vivir en cristiano”.

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