De la Palabra escuchada, a nuestras palabras compartidas

Cada mes, lo largo de nuestros encuentros de oración, vivimos el misterio de la VISITACIÓN. En Ain Karem Jesús estaba todavía en el vientre de María, invisible a los ojos de Isabel. Por ello gracias al Espíritu Santo Isabel ha reconocido su presencia en el interior de su prima. Tengamos la osadía de creer que nuestros saludos son también saludos evangélicos.

Estas palabras fraternas dichas en el saludo de la acogida preparan nuestros corazones a la escucha y al compartir. Son signos de la presencia de Jesús en medio de nosotros. “Como María e Isabel es el amor de Dios el que nos reúne y crea entre nosotros ese clima de amistad” (P. Eyquem).

Un ambiente que favorece la escucha y el compartir

La sencillez es una característica de los Equipos del Rosario. Es necesaria para que cada uno se sienta acogido tal y como es. Así abre todo nuestro ser a la escucha atenta y activa de la Palabra.

En la Anunciación María es el modelo de la escucha activa. En ella ni orgullo ni falsa humildad. Su respuesta a la Palabra está llena de la humildad de la creatura ante su Creador. Esta escucha atenta y activa ha permitido al Hijo de Dios tomar en ella su carne. La Palabra acogida la envía a toda prisa a servir a su prima Isabel. Entre las dos mujeres se establece un compartir la fe: Isabel con las palabras que repetimos en el Ave María: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre…” y María con el canto del “Magnificat”.

Una Palabra que rebrota en nuestras vidas

María e Isabel, nuestras hermanas en la fe, nos muestran el camino. Vemos a la una y la otra dejando a Dios irrumpir en sus vidas. Todo ocurre en sus casas, lejos de toda multitud y bullicio, permitiendo así en sus encuentros hacerles crecer en la fe y la admiración. ¿No es esto lo que sucede en nuestros encuentros de oración? La Palabra de Dios escuchada y meditada viene a encarnarse en nuestras vidas y a inmiscuirse en lo cotidiano. Entonces ¿por qué quedarse silenciosos en nuestros tiempos de compartir? Cada cual está invitado a compartir, a su manera propia, en la sencillez, en pocas palabras, cómo la Palabra ha suscitado preguntas o dado respuestas. El tiempo de compartir no es facultativo. Es esencial para la vitalidad de nuestro Equipo.

La dimensión misionera de un Equipo del Rosario se vive primero en el encuentro mensual. Allí nos aseguramos para expresar lo que hay en el fondo de nuestro corazón. No sabemos el bien que la fe compartida puede producir en las personas de alrededor. Esa palabra que nos reservamos quizá está destinada a un miembro de nuestro Equipo, incluso si es una duda o una pregunta que nos hacemos. A veces nos comportamos como los apóstoles encerrados en nuestros cenáculos. Pero la oración ha infundido en nosotros ese fuego que hace abrir todas las puertas y ventanas de nuestro ser.

Entonces, arriesguémonos a abrir la boca para hacer presente a Dios y fortalecernos los unos a los otros. Creamos en la presencia del Espíritu Santo que nos da la audacia y la humildad de abrirnos unos a otros. Vivamos nuestros encuentros como Visitaciones donde Jesús viene a dejarse ver en la Palabra escuchada y en nuestras palabras compartidas.

El P. Eyquem nos decía en Toulouse en 1988:

“La Oración en común de los Equipos del Rosario se hace una celebración de la Palabra de Dios. Se trata principalmente de escuchar a Dios, de buscar entender bien lo que nos ha dicho y ver las consecuencias que su Palabra debe tener en nuestra vida presente”.

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