Mensaje del Maestro de la Orden a los Equipos del Rosario

Queridos amigos… me alegro mucho de saber que habéis querido inscribir vuestro Movimiento en la dinámica de la celebración del jubileo de la Orden de Predicadores.[fn]N. del T.: 1216-2016: 800 años del comienzo de la Orden. El Año jubilar comienza el 7-XI-15 y finaliza el 21-I-17. www.jubileo.dominicos.org[/fn]

La preparación de este jubileo nos invita a todos a acercarnos a las fuentes de esta Orden que Santo Domingo ha querido poner en la escuela de la predicación de Jesús. Releyendo los textos que evocan el periodo de fundación, constato lo siguiente: el servicio de la predicación que Domingo deseaba devolver a la Iglesia debía encontrar su fuente en la contemplación de los misterios de la vida del Hijo venido a traer la salvación, morando entre nosotros como un hermano y un amigo. Como si, en cierta manera, Domingo quisiese ser predicador para que, con él, la Iglesia no cese de encontrar en la contemplación de esta amistad de Dios manifestada por el Hijo el deseo y la alegría de anunciar la buena nueva de la que él, Jesús, es el primer predicador. Así, la meditación de los misterios aportada por la oración del Rosario se encuentra en el corazón de la aventura de la predicación.

Celebraremos el Jubileo de la Orden en un momento en el que, tras el Concilio Vaticano II y bajo el impulso de los Papas de Juan XXIII a Francisco, la Iglesia es llamada a comprometerse generosamente en el dinamismo de una renovada evangelización. Es decir que esta llamada debe ser particularmente entendida por la Fundación de Domingo, confirmada hace 800 años, como una Orden de Predicadores que anuncian el Evangelio con la palabra y el ejemplo. Compartir la Palabra es, en efecto, no sólo aprender a conocerla, entenderla mejor, sino también acoger la gracia y la luz en el corazón de nuestras vidas personales, familiares, comunitarias y sociales.

Creo que la intuición misionera que anima el Movimiento de los Equipos del Rosario está particularmente entroncada en esta dinámica. Las reuniones de los Equipos en la proximidad de la vida de cada uno, en el corazón de las familias y los barrios, traen al corazón de la humanidad el testimonio de esta venida amistosa del Hijo de Dios, venido a invitar a todos los hombres a entablar conversación con Dios. Estos Equipos son misioneros porque, con la sencillez de su contemplación y el compartir la Palabra, entran en el movimiento mismo de la misión de Cristo. Rezando a María se introducen en la escuela de su aceptación confiada del anuncio que se realiza en Jesús, la llegada a la humanidad de la misericordia del Padre. Conduciendo a contemplar, por la oración del Rosario, los misterios de la vida de Cristo, los Equipos representan así tanto pequeñas “iglesias domésticas” que inscriben la llegada de la amistad de Dios en el corazón de la historia humana (…)

¿Me permitiréis decir que, en este tiempo de renovación de la evangelización, la Orden es fiel y dichosa de que el Movimiento de los Equipos del Rosario esté así asociado a su misión del anuncio del Evangelio? Hago votos para que este Movimiento se siga desarrollando en adelante en la dimensión nacional e internacional. Deseo que el Jubileo de la Orden sea para todos nosotros ocasión de fortalecer los vínculos que nos unen en un mismo servicio a la Iglesia. Dando gracias al Señor con vosotros, que nos da la gracia de llevar juntos el testimonio de su Palabra al mundo; confío el Movimiento de los Equipos del Rosario a la intercesión de Santo Domingo y de María, nuestra Virgen del Rosario y Madre de los Predicadores.

Vuestro Hermano, Bruno Cadoré, O.P.

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