Un Rosario glorioso

 

La luz de las fiestas pascuales luce aún en nuestros corazones y ya estamos en esos días que nos separan de Pentecostés, en lo que llamamos el Tiempo Pascual.

Sería una lástima que Pascua fuera un punto final, el de la Cuaresma, y que nuestra atención espiritual tuviera que aflorarse. En efecto, la Resurrección del Señor nos introduce en un tiempo glorioso que nos hace probar ya el esplendor del cielo. Después de los ejercicios de la Cuaresma durante la cual hemos intentado cultivar nuestra relación con el Señor, vamos a seguir nuestro empeño ¡con nuestro rosario, claro! Sería realmente una lástima dejar las buenas costumbres tomadas desde el Miércoles de Ceniza… y si todavía no las hemos tomado, ¡no nos desanimemos! ¡Nunca es demasiado tarde!

No pensemos en adormecernos bajo las coronas de laurel de la Resurrección. Es cierto, Cristo ha salido victorioso del sepulcro. Es cierto, ha vencido a la muerte. Pero no lo hace sólo para él. Nos atrae a todos tras él en su Ascensión. El día de Pentecostés infundirá a su Espíritu Santo sobre todos nosotros.

Y María, en su Asunción y su Coronación en los cielos, anuncia la gloria del cielo a la que todos los creyentes son llamados. Y ¿qué podemos esperar mejor, para conseguirlo, sino meditando los misterios del santo Rosario de la Virgen María?

El Tiempo Pascual será la oportunidad ideal para meditar particularmente los misterios gloriosos. ¡Entonces, nuestro Rosario pascual será un Rosario glorioso!

Por cierto, seguiremos, cada día, meditando las distintas series de misterios, pero tendrán, a lo largo de las próximas semanas, una tonalidad, un color particular. ¡Detrás de cada misterio, se alojará la Gloria del Resucitado¡

¡A a todos y a cada uno, un feliz Tiempo Pascual, un buen tiempo del Rosario… glorioso!


Fr. Louis-Marie ARIÑO-DURAND, o.p.

Promotor General del Rosario

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