¿Por qué yo?

Queridos Equipos del Rosario,

Ved que el Bien Amado Hijo de Dios y de María hace la propuesta, por el Espíritu Santo, de llevar la responsabilidad nacional en Francia de los Equipos del Rosario, a una desconocida para todos vosotros. Simplemente creo que lo importante no es la persona sino la misión que me es confiada. El Señor hace nacer en cada uno de nosotros su misión particular.

Hace 23 años, en un momento difícil de mi vida, un sacerdote me aconsejó entrar en un Equipo del Rosario. Poco a poco entendí que cada rostro encontrado allí, alrededor de una mesa, era iluminado y amado de forma única por el Señor. Nos confiaba los unos a los otros siendo intermediaria María para mostrarnos el esplendor de su rostro de Hijo de Dios en todas las caras. No vemos de la misma forma a una persona si dejamos subir del corazón a nuestros ojos el amor del Señor. Es Él quien ama en nosotros, no nosotros. Ama hasta la locura incluso el rostro de los “gruñones”, como decimos en mi tierra. Pues allí encontramos su compasión que nos levanta con amor y nos hace sobreponernos a nuestras derrotas.

La Palabra del Señor compartida en nuestros Equipos del Rosario nos ayuda a superar juntos los obstáculos y sufrimientos de nuestras vidas. A través de ella recibimos la paz y gracias personales para estar felices y confiar a pesar de todo. He comprendido que las palabras no deben limitarse a quedar en nuestros labios sino saltar del corazón e ir de casa en casa. “Id y haced discípulos de todas las naciones” “No tengáis miedo, yo estoy en medio de vosotros hasta el fin del mundo”.

Mi cura, el P. Paul Triebel, cuando me preparaba en la catequesis, me enseñó el canto “Quiero amarte sin cesar, cada vez más, protege mi promesa, Señor Jesús”. Estas palabras quedaron grabadas en mi corazón para toda la vida y en él guardo en comunión a estas dos personas de Dios que me han mostrado el camino de Emaus y dado la audacia de la fe.

María, la doncella de Nazaret, María la silenciosa, es la primera que nos transmite esta fe que supera las montañas de nuestros temores y de la indiferencia.

Ella ha confiado su unión interior a Dios sin reserva: “Hágase en mí según tu Palabra”. Primera mujer que ha comprendido la espléndida cercanía de su Dios, ella le ofrece un “hágase” (fiat) totalmente libre.

Vosotros como yo somos los servidores del Movimiento de los Equipos del Rosario, hijas e hijos de Santo Domingo con nuestro querido P. Eyquem. Podemos estar orgullosos de este tesoro extraordinario de la Palabra que se nos ha dado al contemplar los Misterios del Rosario.

Ese pan delicioso no es sólo para nosotros. María y Jesús nos piden compartirlo, distribuirlo, invitando a nuestras casas a los que tienen hambre. Nuestro vecino tiene hambre, nuestras familias tienen hambre, nuestras comunidades tienen hambre. Por todas partes en la sociedad mundial, allí donde se “zapea”, allí donde se “twitea”, donde la palabra “amigo” es una ilusión de fraternidad, hay hambrientos de amor.

Nosotros conocemos la fuente de este amor: es Cristo Resucitado.

Abramos nuestras puertas y ventanas al mundo. No descuidemos tener sillas vacías alrededor de Jesús y de María en nuestros comedores o salones. Abandonémonos a Él. El Señor lo hace todo. Hace falta simplemente dejarle pasar por nuestro corazón y no ofrecerle resistencia. Jesús invita, María acoge.

Seamos una perlita de amor en la punta de los dedos de María para que no falte nada allí donde estemos llamados a dar testimonio.

Es para hoy, es para ahora, ¡es urgente!

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