Una Breve Historia del Rosario

El uso de cuentas en la oración cristiana se verifica en el Oriente en la época de oro de los Padres de la Iglesia (vgr. Pablo el Ermitaño), y luego pasó a Europa, especialmente difundido por los irlandeses e ingleses. Ya en el siglo trece hay testimonios artísticos y documentales acerca del uso de cordones con nudos semejante a nuestro rosario actual.

En la Edad Media llegó a ser práctica generalizada la recitación repetida de oraciones como el Padre Nuestro o el Ave María[fn]Conviene notar que el avemaría es una oración cuyo texto se iba ampliando paulatinamente hasta alcanzar su forma actual recién en el s. XIII, y ser de uso general en el s. XV a XVI[/fn]. Era costumbre (históricamente verificada ya en el siglo XIII) tanto de laicos como de religiosos rezar 50, 100, o hasta 150 Avemarías y/o Padre nuestros. Sto Tomás de Aquino (1225-1274), por ejemplo, refiere al conjunto de 150 avemarías en el Quodlibet 3,29 bajo el nombre del "Salterio de la Bienaventurada Virgen María".

El dominico Humberto de Romans (†1277), escribiendo a los frailes de su Orden, habla de una oración en privado por la mañana y por la noche en la cual se medita y considera "con ardor los beneficios de Dios, a saber, sobre la encarnación, nacimiento, pasión y otras cosas en general... y después diga el Padre nuestro y el Dios te salve... y podrá también añadir Salve Regina", etc.

Fue el cartujo Domingo Hilarión de Prusia (†1461) quien añadió diferentes "misterios", que eran 50 cláusulas que se recitaban sucesivamente al fin de las avemarías y le dio el nombre de "rosario" (por rosa mystica). El Venerable Alano de la Roche (1428-1475), profesor dominico en Francia, promovió el "Salterio de la Bienaventurada Virgen María" con una innovación: 150 cláusulas para ser incluidas en las avemarías después del nombre Jesús: 50 sobre la vida de Cristo, 50 sobre su pasión, y 50 sobre la resurrección y las últimas cosas. Es a él a quien parece remontar la tradición que Santo Domingo de Guzmán recibió el rosario de la Virgen María en una visión: bella metáfora para describir un aspecto permanente del carisma dominicano, pero sin fundamentación histórica tomada al pie de la letra. Otro dominico, el catedrático alemán Jacobo Sprenger (1436-1495), distribuyó los misterios entre gozosos, dolorosos y gloriosos.

El Rosario es uno de los tipos de oración más recomendado por los romanos pontífices. Apenas hay un papa desde el siglo 16 que no lo haya alabado en sus escritos o decretos. En 1478-79 Sixto IV personalmente recomienda y dota de indulgencias el rezo del Rosario, y aprueba el "salterio mariano" para la Iglesia universal. Otros dos papas a fines del siglo XV, confirman y amplían sus prerrogativas. El Papa dominico Pio V, en la bula Consueverunt (17 dic 1569) fijó su forma en los 15 misterios hoy tradicionales; dos años más tarde (1571) atribuye la victoria de las fuerzas navales cristianas contra superiores fuerzas invasores musulmanes al rezo del Rosario en toda la cristiandad, e instituye la fiesta "Virgen María de la Victoria" (luego N. Sra. del Rosario) para conmemorarla. El Papa León XIII, el "Papa del Rosario", escribió durante su largo pontificado nada menos que 22 documentos (entre ellos 10 encíclicas) recomendando ardientemente el rosario como remedio contra los malos modernos. Papa Pio XII llamó el rosario "el Compendio de todo el Evangelio"; Juan XXIII "el Evangelio de los pobres"; Pablo VI "Síntesis del Evangelio" y lo recomienda largamente en su exhortación 42-55). El actual Papa lo considera su oración preferida, y lo ha recomendado innumerables veces.

El autor de este artículo (en inglés)

 

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