Los Misterios Dolorosos para el Jubileo de la Orden de Predicadores

La agonía

"Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a sentir terror y angustia." (Mc 14,33)

"Oh Jesús, mi Salvador, el Hijo del Dios viviente, por el amargo dolor con que tu alma santa se inundó en el Monte de los Olivos, y por el miedo que atravesó tu carne sagrada, te pedimos, que en nuestra última hora, cuando nuestra alma y nuestro cuerpo estén en la angustia suprema, nos fortalezcas en nuestra agonía. No nos abandones, que la virtud de tus sufrimientos nos sostengan para que hagamos nuestra tu santa palabra: ‘Dios mío, tu voluntad, no la mía” (Fray Luis de Granada, 1505 - 1588)

"Un día, meditando el sudor de sangre de Jesucristo en el Huerto de los Olivos, Inés vio a nuestro Señor postrado en tierra, la cara contra el suelo, y vio salir de sus brazos, a lo largo de las venas de todo el cuerpo, una gota de sangre y otra de agua. "Creo que en el Huerto de los Olivos esto es lo que más le hizo sufrir, dijo ella, pues la sola vista de mis pecados le hizo salir la sangre de las venas. Es la repugnancia de mis pecados la que hizo salir la sangre, lo que demuestra que eran muy grandes". (Bta. Inés de Langeac, 1602 - 1634)

Nuestra Señora del Rosario, enséñanos a no abandonar nunca a los moribundos.


La flagelación

"Pilatos hizo flagelar a Jesús, y lo entregó para ser crucificado." (Mt 27,26)

"Le cubren de lesiones
y le desgarran los golpes,
vemos sólo contusiones,
cicatrices y agujeros.
Mira cómo resiste
este terrible tormento
sin quejarse o murmurar,
tan ardiente es su amor.
Pecadores, son nuestras ofensas
y nuestra sensualidad
las que causan tanto sufrimiento
al que es objeto de lástima.
Sumérgete en la sangre de sus venas
y encuentra tu sanación,
y no aumentes las penas,
porque seguirá tu pasión.
Oh bondadoso Salvador,
por este cuerpo lleno de golpes
calme su enojo
y perdónenos a todos!”. (San Luis-María Grignion de Montfort, 1673-1716).

"¿Estás atribulado? Invita a todas las facultades de tu alma a venir y beber un pequeño sorbo de este cáliz en seguimiento de Jesús flagelado. Mantén la paz, en la sencillez del espíritu que evita toda reflexión vana sobre la causa de las tribulaciones, su duración, su remedio y en una humilde confianza. ¿Estás en la noche? Eres como un misionero perdido en medio del bosque, los animales salvajes pasan y rugen... Subido en un árbol te haces el muerto... Cuando llega el día los monstruos regresan a su guarida y el hombre de Dios continúa su camino para salvar almas”. (Bto. Jacinto-María Cormier, 1832 - 1916)

Nuestra Señora del Rosario, enséñanos a apoyar a todos los que sufren en el cuerpo.


La coronación de espinas

"Los soldados entrelazando espinas entretejieron una corona que pusieron sobre la cabeza de Jesús." (Mt 27,29)

"Tenemos que mantener en nuestra alma el dolor por nuestros pecados, pues para librarnos de sus puntas afiladas, Jesucristo quiso sufrir en su cabeza sagrada el dolor de las más punzantes espinas, como lo señaló el Venerable Beda. Las espinas son el símbolo de los pecados; pues si se le dijo al primer hombre culpable: La tierra te dará espinas y abrojos, es que nuestra naturaleza viciada por los pecados debe producir el amargo remordimiento que penetre la conciencia como espinas muy agudas”. (Ludolfo el Cartujo, 1300 - 1377)

"Jesús fue despojado de sus vestidos. Porque se creía rey se le envuelve en una capa roja de un soldado, como un manto de púrpura; se trenza en forma de corona un manojo de espinas destinadas a ser quemadas en el fuego. En su mano una caña como cetro. Doblan la rodilla delante de él con carcajadas, los soldados le saludan como el Rey de los judíos y le golpean la cabeza con su bastón. Bofetadas y salivazos caracterizan su homenaje. Pero Jesús era el verdadero Rey de los judíos: necedad para los soldados romanos, escándalo y desprecio para los judíos!”. (Padre Marie-Joseph Lagrange, 1855-1938)

Nuestra Señora del Rosario, enséñanos a ayudar a los que sufren en su espíritu.


Jesús cargado con la Cruz

"Él, cargando su cruz, salió hacia el lugar llamado de la Calavera (o Calvario), que en hebreo se llama Gólgota." (Jn 19,17)

"Es con una naturaleza humana semejante a la nuestra que el Hijo de Dios inició su rápido camino hacia la pasión. Nosotros debemos recorrer el mismo camino, mis hijitos, lanzarnos en este vasto océano, lavarnos y purificarnos, porque fue hecho para nosotros; marcar nuestra frente con la sangre divina, para que con tal signo podamos presentarnos ante el Padre Eterno, diciéndole que su unigénito Hijo pagó por nosotros, que hemos luchado y encontramos el botín rojo, escarlata, es decir, a Jesús en la cruz, todo ensangrentado y exhausto por el amor." (Santa Catalina de Ricci, 1522 - 1589)

"Jesús ha venido a la tierra para ser un perfecto ejemplo propuesto para nuestra imitación. Con este fin, comenzó tomando la cruz sobre sus hombros, pero quiso que Simón de Cirene la llevara detrás de él; de ahí también que no nos ha dicho en el Evangelio que caminemos delante de él, sino que le sigamos, llevando nuestra cruz. Quiso levantar el trofeo antes que nadie. Después, ha dejado su cruz a las almas perfectas, dispuestas a obedecer a la voluntad de su Padre." (Padre Luis Chardon, 1595 - 1651).

Nuestra Señora del Rosario, enséñanos a ser Simón de Cirene para aquellos que viven agobiados por el peso de la vida.


La crucifixión y muerte de Jesús

"Que la cruz de nuestro Señor Jesucristo sea mi única fortaleza." (Gal 6,14).

"Tú puedes encontrar una suave consolación tomando y leyendo el libro de la cruz, que has de tener siempre ante los ojos de tu alma, este libro de la vida, el libro de la Ley inmaculada, que elimina la suciedad, porque ella es caridad. La encuentras escrita con una belleza maravillosa cuando contemplas a Jesús, tu Salvador, extendido en la Cruz como una piel sobre la que ha escrito con sus llagas y ha iluminado con su sangre generosa. ¿Dónde se lee, dónde se aprende tan bien la lección de la caridad?". (Bto. Jordán de Sajonia, 1190-1237).

"Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus ojos y mírame, como miraste desde lo alto de la cruz a tu querida madre, afligida por el dolor.
Jesucristo mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tu boca y háblame, así como hablaste a San Juan cuando lo diste por hijo a la Virgen María.
Jesucristo, mi Señor crucificado, Hijo de la Bienaventurada Virgen María, abre tus brazos sagrados y abrázame, así como los abriste sobre el árbol de la Cruz para abrazar al género humano." (San Pío V, 1504 - 1572)

Nuestra Señora del Rosario, enséñanos, siguiendo el ejemplo de Nuestro Padre Santo Domingo, a descubrir el camino de la vida en el libro de la Cruz.

En un mismo espíritu: Los Misterios Gozosos, Los Misterios Luminosos y Los Misterios Gloriosos

 

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