Fatima y el carisma dominicano

Un texto de las Monjas dominicas del Rosario Perpetuo - Monasterio Pío XII - Fátima

Como Monjas dominicas que viven en Fátima, nos damos cuenta cada vez más de la profunda relación entre el carisma dominicano y el Mensaje de Fátima. Esta relación se evidencia de dos maneras.


En primer lugar, hay los signos más visibles de esa relación. Por ejemplo, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, a la izquierda del altar mayor, se alza una estatua de santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores. Sobre la entrada principal de esta misma Basílica y dando la bienvenida a cada peregrino a Fátima, está la gran estatua de mármol del Corazón Inmaculado de María esculpida por el P. Thomas McGlynn, OP (1906-1977), hijo de la Provincia de san José (Estados Unidos). Además hay estatuas conmemorativas en honor al papa Pío XII y a san Luis María Grignion de Montfort, ambos profesos dominicos. Finalmente, está la presencia viva de todas las ramas de la familia espiritual dominicana: hermanos, monjas, hermanas y laicos presentes en sus conventos y casas alrededor del Santuario.

La segunda dimensión en la relación entre Fátima y la Orden de los Predicadores es esa conexión arraigada en el propósito fundamental de la Orden dominicana: predicar la Verdad del Evangelio (evangelización) para la salvación de las almas. Junto a esto, los llamamientos de María a la oración del Santo Rosario establecen un fuerte vínculo con la Orden.


Evangelización y salvación de las almas

"Si la Iglesia ha aceptado el mensaje de Fátima, es sobre todo porque ese mensaje contiene "una verdad y una llamada" cuyo contenido básico es "la verdad y la llamada del Evangelio" (el santo papa Juan Pablo II, 13 de mayo de 1982 en Fátima). En su libro El Mensaje de Fátima, Sor Lucia escribió: "El Mensaje es la revelación de Dios presente en el mundo en medio de hombres y mujeres, y en particular en cada uno de nosotros. No es algo nuevo... El Mensaje es más una luz nueva para brillar en medio de la oscuridad del ateísmo, para que esto no logre extinguir la luz de la fe que todavía resplandece en los corazones de los elegidos para que, siguiendo esta luz, puedan encontrar a Cristo Jesús... Así, cuando llegó el tiempo, el año y la hora escogidos por Dios, Él nos envió a su Mensajera Celestial, a esta tierra de la cual Ella era la Señora, la Reina, la Madre y la Patrona para establecer su altar en ese lugar, y desde allí evangelizar al mundo entero..."

Desde la primera aparición, Nuestra Señora preguntó a los Pastorcitos si estaban dispuestos a "orar y sacrificarse por los pobres pecadores". Ellos dijeron que sí, y así fueron bendecidos con el deseo de la salvación de las almas, haciendo de ellos fervientes jóvenes misioneros para el mundo entero ¡aunque nunca dejaron su tierra! La beata Jacinta en particular, después de ver la visión del infierno (13 de julio de 1917) repetía a menudo con lágrimas: "¡Pobres pecadores! ¡Tenemos que orar y hacer muchos sacrificios por ellos!"

Santo Domingo, como sabemos, solía llorar y rezar: "Señor, ¿qué será de los pobres pecadores?" "Santo Domingo tenía una gran y ardiente ansia por la salvación de las almas, por lo que era un apóstol inigualable. Él se entregó a la predicación con gran fervor, y exhortó y obligó a sus hermanos a anunciar la Palabra de Dios de día y de noche, en iglesias y en casas, en los campos y por los caminos, en otras palabras, en todos los lugares para hablar sólo de Dios". (Carta a la Orden, Adviento 2008)


El Santo Rosario

A lo largo de la historia de la Orden dominicana, el Rosario ha sido predicado como un método de oración, un instrumento de evangelización y un medio de santificación personal y familiar. En tiempos de crisis, los predicadores dominicanos itinerantes han respondido con gran celo rezando y predicando el Rosario. Entre otros papas, el papa Juan Pablo II lo reconoció: "La historia del Rosario muestra cómo esta oración fue utilizada en particular por los dominicos en un momento difícil para la Iglesia debido a la propagación de la herejía". (RVM N°17)


Para los dominicos, la evangelización está estrechamente asociada con el Rosario, ya que el Rosario no es sólo un compendio del Evangelio "es un evangelio en acción: un programa evangélico popular de fe, moral y piedad cristiana. Es, al mismo tiempo, una revelación constante del Corazón de Cristo y del Corazón de su divina Madre. Porque el Rosario propone sin cesar para la conmemoración amorosa de las almas los grandes logros de Su amor, que son los misterios de la Redención. Sin duda, ésta es la razón de Fátima, porque Nuestra Señora conoce muy bien la teología de su Rosario y de su Corazón." (P. Marceliano Llameras, OP) En pocas palabras: "¡El Rosario es el Evangelio con María!"

En resumen podemos decir que Fátima es como la lámpara de un faro que brilla directamente sobre su objeto. En Fátima esa luz es la "lámpara inextinguible" del Corazón Inmaculado de María que resplandece sobre el Evangelio de Su Divino Hijo trayendo gracia, misericordia y esperanza eterna para todos. La “devoción mariana de Santo Domingo era inseparable de su celo apostólico.” La luz de María brilló a través de Domingo, haciendo de él una verdadera luz de Cristo en la Iglesia – ¡Lumen Ecclesiae!

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